martes, 24 de febrero de 2009

MATABURROS...

A lo largo de mi semana escucho personas que hablan de sus problemas diarios, y pareciera que se contaran unas a otras los sufrimientos, comparando cuál es el mayor... miden sus vidas por el tamaño de su dolor.

Podemos ir a la Palabra de Dios, y encontrarnos con el más famoso, -si de dolor y sufrimientos hablamos- nuestro querido Job.
A lo largo de este libro, se desencadenan una serie de conversaciones entre Job, el sufrido, y sus amigos, los “consejeros”...
Es increíble ver cómo, mientras sus amigos se destacan tratando de entender el porqué de la situación, Job, que era quien vivía en carne propia el dolor, aprendía a estar satisfecho en la soberanía y misericordia de Dios.

Santiago nos da una idea de la enseñanza que Dios quiere llevar a través de los sufrimientos.
En el versículo 5:11 nos dice:
“Mirad que tenemos por bienaventurados a los que sufrieron. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el resultado del proceder del Señor, que el Señor es muy compasivo, y misericordioso.”

Sabemos que Dios obra SIEMPRE con un propósito divino... y como esa palabra lo asegura, muchas veces ese propósito no es revelado a nuestras vidas, y va mucho más allá de nuestro entendimiento. Pero de algo estamos seguros, Dios posee la sabiduría en su totalidad y su misericordia es eterna!

En el Salmo 32:8, Dios nos da Su promesa clara, para matar nuestra ignorancia frente a los pasos diarios de la vida... No seamos tercos... Aferrémonos a ésta, para dejar de medir nuestras vidas por el dolor y comenzar a medirla por la soberanía de Dios en ella!
“Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti.”

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